Salvador Calero García

Salvador Calero García

Salvador Calero García (Murcia 1977) es Magistrado especialista en mercantil y titular del Juzgado de Marca de la Unión Europea de Alicante.

Estudió Derecho en Murcia e ingresó en la carrera judicial en 2003.

Desde entonces ha dado conferencias en la Escuela Judicial y en varias Universidades y Colegios Profesionales sobre derecho penal, concursal y de Marca de la Unión Europea, ha publicado artículos en revistas científicas, colaborado en obras colectivas y publicado una monografía denominada La venta de empresas y unidades productivas en la liquidación concursal.

Esta es su primera obra de ficción.

Obras

LA ALDEA DE LAS CASAS DE CARTÓN

19,00 

Un joven médico queda abrumado cuando conoce en persona la verdadera miseria de África y decide, con gran dolor, dejarlo todo atrás y rehabilitar un viejo hospital en el corazón de Tanzania. Allí con el paso de los años marcará poco a poco a las gentes del lugar, que se impregnarán de su buena voluntad, pero también descubrirá que la crudeza del continente no se reduce a la mera pobreza y a la ignorancia, y así, cuando la barbarie aparezca, conocerá, con ayuda de su fiel amigo, los límites de la justicia, del perdón, de la amistad y de la entrega a los demás, y se habrá de cuestionar la legitimidad de su misma mansedumbre, hasta entonces una de las más visibles señas de su identidad.

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Descripción

Fecha de publicación: diciembre 2019.

Formato: 15 x 21 cm, con solapas.

Interiores: 354 páginas, impresas sobre papel ahuesado de 80 gr.

ISBN: 978-84-17650-03-2

En palabras del autor

Resumen de la obra

Es una obra sobre el precio de seguir nuestros sueños, sobre la falsa libertad en que viven muchos pueblos del mundo ante la indiferencia del resto, sobre el efecto de la violencia en la vida de las personas pacíficas, sobre la búsqueda de la Justicia por encima de cualquier otra cosa y sobre el inmenso poder de la verdadera amistad.

¿Cuánto hay de realidad en este libro?

El contexto de la guerra de Ruanda es el único con una datación histórica precisa, en tanto que los demás avatares que tanto han definido la vida de los pueblos africanos, como son la opresión cimentada en la miseria, la ignorancia y un exacerbado nacionalismo, así como sus caracteres abiertos y optimistas, tienen una vocación más universal y se pueden encontrar a lo largo de todo el África Subsahariana , como también sucede con tantos acontecimientos aberrantes que apenas despiertan la curiosidad en Occidente.

¿Por qué Tanzania?

Porque tuve la suerte de conocerla personalmente y de empaparme de sus maravillosas gentes. Porque es un verdadero paraíso en donde las personas son felices con menos que nada. Porque nada de los que sucede allí trasciende jamás a pesar de ser una nación tan populosa como la nuestra. Porque después de ver Kenia y contemplar la pobreza en la dimensión más monstruosa que había visto nunca hasta entonces, me sorprendí al comprobar que aún era posible encontrar lugares en donde las personas son capaces de vivir con menos. Y todo ello sin perder la sonrisa.

¿Qué enseña este libro?

El libro no pretende enseñar tanto como compartir con los lectores al menos dos pequeñas reflexiones: la primera es que existe algo dentro de todos nosotros que nos impulsa de forma irrefrenable y desinteresada a ayudar a los demás. No se trata de la mera conveniencia de ser agradable y generoso por los beneficios que ello nos pudiera reportar, sino que esa fuerza nos impulsa incluso mucho más allá, hasta donde claramente sacrificamos nuestra propia felicidad. Y por muchas razones tendemos a reprimirlo desde niños, puede que acertadamente. O al menos eso creemos.

La segunda es que las personas apacibles no suelen tener respuesta ante la primera verdadera aparición de la violencia, que les degrada y destruye en lo que son, reaccionen de una manera o de otra. Y sin embargo, ello no significa que tengan que resignarse toda la vida a ser meras víctimas.

Un joven médico queda abrumado cuando conoce en persona la verdadera miseria de África y decide, con gran dolor, dejarlo todo atrás y rehabilitar un viejo hospital en el corazón de Tanzania. Allí con el paso de los años marcará poco a poco a las gentes del lugar, que se impregnarán de su buena voluntad, pero también descubrirá que la crudeza del continente no se reduce a la mera pobreza y a la ignorancia, y así, cuando la barbarie aparezca, conocerá, con ayuda de su fiel amigo, los límites de la justicia, del perdón, de la amistad y de la entrega a los demás, y se habrá de cuestionar la legitimidad de su misma mansedumbre, hasta entonces una de las más visibles señas de su identidad.

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