Aspidochelone: la ballena-isla de los bestiarios medievales

El aspidochelone es un monstruo marino tan grande que los marineros lo confundían con una isla: desembarcaban sobre su lomo, encendían fuego y la bestia se hundía arrastrando barco y tripulación. Lo describe el Physiologus, un tratado cristiano en griego, y de ahí pasó a los bestiarios medievales como imagen del diablo.
Su historia enlaza con San Brandán, con Simbad el Marino y con varios monstruos nórdicos y árabes que repiten la misma trampa.
Qué es el aspidochelone
El aspidochelone es una criatura legendaria descrita como una ballena o una tortuga marina gigantesca, con la piel cubierta de arena y a veces de matorrales. Flota inmóvil en alta mar, los navegantes la toman por tierra firme y amarran el barco. Cuando sienten el calor de la hoguera, se sumerge y los ahoga a todos.
Suele presentarse como un animal de la mitología griega, pero no aparece en Homero ni en Hesíodo. Es griego por el idioma del texto que lo da a conocer, un libro de simbolismo cristiano muy posterior. En castellano se ha traducido a veces como «aspidoquelonio».
Qué significa el nombre
La palabra une dos términos griegos: aspís, que significa «escudo» y también «áspid» (una serpiente venenosa), y chelṓnē, «tortuga». La versión latina del Physiologus lo traduce como aspido testudo, la «tortuga-áspid».
De ahí viene el apodo moderno de «tortuga escudo». El propio texto antiguo aclara, sin embargo, que se trata de un cetus, una gran ballena; la tortuga gigante es cosa de ilustradores posteriores.
El aspidochelone en el Physiologus y los bestiarios medievales
El Physiologus se escribió en griego, probablemente en Alejandría hacia el siglo II, aunque la fecha se discute. Cada capítulo describe un animal y explica su sentido moral. Del aspidochelone cuenta dos costumbres.
La isla que se hunde
La bestia saca el lomo sobre las olas, y como tiene la piel llena de arena parece una playa. Los marineros clavan estacas, atan las naves y hacen fuego para cocinar «como si estuvieran en tierra». Al notar el calor, el monstruo se zambulle y se lleva el barco al fondo.
El aliento dulce que atrae a los peces
Cuando tiene hambre, abre la boca y exhala un olor dulce. Los peces pequeños acuden atraídos por ese perfume y entran en sus fauces, que se cierran sobre ellos. Los grandes no se acercan.
La ballena como figura del diablo
En la lectura cristiana, la ballena representa a Satanás, que engaña a quienes confían en él y los arrastra «a la gehena del fuego ardiente», según la versión latina del texto. Los peces pequeños son las almas débiles en la fe, seducidas por el olor de los placeres; los grandes, los creyentes firmes que no caen en la trampa.
Los bestiarios medievales copiaron el capítulo durante siglos y le añadieron datos de Isidoro de Sevilla, que en sus Etimologías (libro XII) recuerda que una ballena tragó al profeta Jonás. Es el mismo catálogo de fieras simbólicas donde aparece la mantícora, con su cara humana y su cola de escorpión.
San Brandán y la ballena Jasconius
La versión más amable del mito está en la Navigatio Sancti Brendani, relato latino de los siglos IX o X sobre el viaje del abad irlandés Brandán de Clonfert (siglo VI). Sus monjes llegan a una isla negra y pelada, sin hierba ni arena, y bajan a celebrar la Pascua.

Cuando ponen el caldero al fuego, la isla empieza a moverse como una ola. Los monjes huyen al barco y el santo les explica lo ocurrido: aquello es el mayor de los peces del océano, siempre empeñado en morderse la cola sin conseguirlo, y se llama Jasconius. El nombre viene del irlandés iasc, «pez».
Aquí la ballena no ahoga a nadie. Durante los siete años del viaje, los monjes vuelven cada Pascua a celebrar la misa sobre su lomo, de modo que el monstruo del Physiologus se convierte en un animal domesticado por la santidad.
La leyenda llegó muy lejos. En Canarias dio nombre a San Borondón, la isla que aparece y desaparece al oeste de La Palma y El Hierro. Figuró en mapas y varias expediciones salieron a buscarla entre los siglos XVI y XVIII. Otras tradiciones atlánticas de la península aparecen en estas leyendas gallegas cortas, con mar y ciudades sumergidas.
Simbad, el zaratán y otras islas que eran peces
La isla viviente aparece en culturas muy distintas. En la Novela de Alejandro, atribuida al Pseudo Calístenes, el rey escribe a Aristóteles que varios de sus hombres murieron al hundirse una «isla» que era un monstruo. El Talmud de Babilonia (tratado Bava Batra) cuenta algo parecido: unos viajeros cocinan sobre un pez cubierto de arena y hierba, y se salvan por poco.
En el mundo árabe, el naturalista al-Yahiz (siglo IX) habla del saratán en su Libro de los animales, aunque admite que nunca conoció a nadie que lo hubiera visto. En el primer viaje de Simbad el Marino, en Las mil y una noches, la isla donde acampa la tripulación es un pez gigante que se sumerge al sentir el fuego, y Simbad se salva agarrado a una tina de madera.
| Nombre | Tradición | Texto | Qué hace |
|---|---|---|---|
| Aspidochelone | Cristiana, en griego y latín | Physiologus, bestiarios | Se hunde con los marineros y atrae peces con su aliento |
| Jasconius | Irlandesa medieval | Navigatio Sancti Brendani | Se mueve con el fuego, pero acoge la misa de Pascua |
| Saratán o zaratán | Árabe | Al-Yahiz, al-Qazwini, Simbad | Huye con los que encendieron la hoguera |
| Fastitocalon | Anglosajona | Poema «La ballena», Libro de Exeter | Ahoga a los marineros; figura del demonio |
| Lyngbakr y hafgufa | Nórdica | Saga de Örvar-Oddr, Espejo del rey | Isla cubierta de brezo; boca que atrapa peces |
Homero no conoce ninguna isla-pez, aunque la Odisea ya está llena de desembarcos desastrosos, como el de Ulises y los cícones.
Fastitocalon, hafgufa y los monstruos del norte
La versión anglosajona del Physiologus incluye un poema, «La ballena», conservado en el Libro de Exeter (siglo X). Allí el monstruo se llama Fastitocalon, deformación del nombre griego, y conserva la doble trampa de la isla falsa y el aliento perfumado. Tolkien recuperó ese nombre en un poema de Las aventuras de Tom Bombadil (1962).
Las sagas escandinavas tienen su propia pareja. La saga de Örvar-Oddr menciona al lyngbakr, «lomo de brezo», que pasa por isla, y a la hafgufa, el mayor monstruo del mar. El Espejo del rey (Konungs skuggsjá), un tratado noruego del siglo XIII, cuenta que la hafgufa abre la boca y expulsa comida para que los peces se amontonen dentro antes de cerrarla.
¿Tiene alguna base real?
Puede que sí, al menos la parte del aliento dulce. En 2023, John McCarthy, Erin Sebo y Matthew Firth publicaron en la revista Marine Mammal Science un estudio que relaciona el aspidochelone y la hafgufa con la alimentación en trampa que se ha filmado en ballenas jorobadas y de Bryde. La ballena se queda quieta en la superficie con la boca abierta y los peces, buscando refugio, nadan hacia dentro.
La isla que se hunde tiene peor explicación. Quizá alguna ballena inmóvil, vista de lejos, alimentó historias de marineros; el resto es literatura.
El aspidochelone en la literatura y la cultura moderna
John Milton usa la imagen en El paraíso perdido (canto I): compara a Satanás, tendido en el lago de fuego, con el Leviatán al que un piloto amarra su esquife creyéndolo una isla. Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero dedicaron una entrada al «zaratán» en El libro de los seres imaginarios (1967), junto a criaturas orientales como los cuatro dragones japoneses.
En los videojuegos, Final Fantasy XI tiene un monstruo llamado Aspidochelone, una tortuga gigante que se encierra en su caparazón. Si buscas un monstruo marino de la mitología griega auténtica, está el de Perseo y Andrómeda, enviado por Poseidón según Apolodoro.
Preguntas frecuentes sobre el aspidochelone
Cuatro dudas habituales sobre la ballena-isla y sus parientes del mar.
¿El aspidochelone es una tortuga o una ballena?
En el Physiologus es una ballena, aunque el nombre signifique «tortuga-áspid». Los bestiarios medievales la dibujan casi siempre como un gran pez o una ballena con escamas. La imagen de la tortuga gigante con árboles en el caparazón se popularizó más tarde, sobre todo a partir del zaratán árabe y de las ilustraciones y juegos modernos.
¿Qué diferencia hay entre el aspidochelone y el kraken?
El kraken es un monstruo de la tradición noruega, descrito desde el siglo XVIII como un ser enorme con brazos, que hoy se asocia al calamar gigante. El aspidochelone procede de un texto cristiano antiguo y espera inmóvil a que los marineros se engañen solos. Los dos comparten el rasgo de ser confundidos con islas.
¿Dónde se pueden ver ilustraciones originales del aspidochelone?
Los más reproducidos son el Bestiario de Aberdeen (hacia 1200), que guarda la universidad escocesa y está digitalizado, y un bestiario francés de hacia 1270 del Museo Getty de Los Ángeles. Los dos muestran el barco amarrado y la hoguera sobre el lomo. También hay miniaturas de San Brandán celebrando misa sobre Jasconius en manuscritos alemanes de su leyenda.
¿Cómo se escribe en español?
No hay una forma fijada por la RAE. Lo habitual es mantener el nombre griego latinizado, aspidochelone, y algunas obras lo adaptan como aspidoquelonio. Para el monstruo árabe, la grafía más extendida en español es zaratán, la que usó Borges.