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Los cícones: Ulises, el saqueo de Ismaro y el vino de Marón

Los cícones son el pueblo tracio que Ulises ataca nada más salir de Troya, en el primer episodio de su regreso narrado en el canto IX de la Odisea. Saquea su ciudad, Ismaro, pero sus hombres se entretienen bebiendo en la playa y el contraataque les cuesta seis compañeros por nave.

Quiénes eran los cícones

Los cícones (en griego Κίκονες) eran un pueblo de Tracia asentado en la costa norte del Egeo, cerca del río Hebro. En la mitología griega aparecen como aliados de Troya en la Ilíada y como las primeras víctimas de Ulises, el Odiseo griego, en la Odisea.

En español conviven dos acentuaciones: la esdrújula, cícones, más fiel al griego, y la llana, cicones, frecuente en traducciones antiguas y recogida por el Diccionario histórico de la RAE. Según el Etymologicum Magnum, un léxico bizantino, el nombre venía de Cicón, hijo de Apolo y de la ninfa Ródope.

Qué pasa con los cícones en la Odisea

El relato, que Ulises hace en el palacio de Alcínoo, rey de los feacios (versos 39 a 66 del canto IX), avanza en tres tiempos.

El saqueo de Ismaro

El viento lleva las doce naves desde Troya hasta Ismaro. Ulises toma la ciudad, mata a los hombres y reparte las mujeres y el botín para que nadie se quede sin su parte.

El banquete y el contraataque

Sus compañeros, a los que Ulises llama necios, desoyen su orden de partir y se quedan en la orilla bebiendo vino y sacrificando reses. Los supervivientes avisan a los cícones del interior, más numerosos y capaces de luchar desde el carro o a pie.

Llegan al amanecer, tantos «como hojas y flores en primavera». Los griegos aguantan hasta la tarde, cuando los cícones rompen sus filas. Caen seis hombres por nave: 72 muertos en total, aunque algunas adaptaciones redondean a setenta. Sin tiempo para enterrarlos, Ulises hace llamar tres veces a cada uno por su nombre antes de zarpar.

La tormenta del cabo Maleo

Zeus desata el viento del norte y la noche cae del cielo, la misma oscuridad que los griegos personificaban en Nix, la diosa de la noche. Al doblar el cabo Maleo, casi en casa, la corriente los desvía. Nueve días después llegan al país de los lotófagos.

Marón, el sacerdote de Apolo y el vino para Polifemo

Marón, hijo de Evantes y sacerdote de Apolo en Ismaro, vivía en el bosque sagrado del dios. Ulises lo respetó a él, a su mujer y a su hijo durante el saqueo, y Marón le regaló siete talentos de oro, una crátera de plata y doce ánforas de un vino dulce y puro.

Marón, sacerdote de Apolo, entrega a Ulises las ánforas de vino en Ismaro

Homero lo cuenta más adelante en el mismo canto (versos 196 a 211). El vino era tan fuerte que se mezclaba con veinte partes de agua. Con él Ulises emborracha a Polifemo antes de cegarlo, de modo que el botín del primer episodio le salva la vida en el tercero.

Las fuentes varían: en el Cíclope de Eurípides, Marón es hijo de Dioniso. La ciudad tracia de Maronea presumía de llevar su nombre, y Plinio el Viejo (Historia natural, libro XIV) aún elogiaba su vino.

Los cícones en la Ilíada: aliados de Troya

El Catálogo de los troyanos, al final del canto II de la Ilíada (verso 846), cita a los cícones entre los tracios y nombra a su jefe, Eufemo, hijo de Trecén. En el canto XVII, Apolo toma la figura de Mentes, «caudillo de los cícones», para animar a Héctor.

Ulises ataca, por tanto, a un pueblo del bando que sostuvo Afrodita en la guerra de Troya. Homero no lo presenta como venganza: el viento lo llevó allí y él hizo lo que hacía un guerrero de su tiempo.

Dónde vivían los cícones

Ocupaban la costa de la Tracia egea, en el nordeste de la actual Grecia, la tierra de Ares, el dios griego de la guerra.

LugarQué dicen las fuentesHoy
IsmaroCiudad saqueada por Ulises (Odisea IX)Monte Ismaro, región de Ródope
MaroneaCiudad atribuida a Marón, famosa por su vinoYacimiento junto a Maronia
DoriscoLlanura «antiguamente de los cícones» (Heródoto VII, 59)Delta del río Evros

De todos los pueblos que visita Ulises, es el único con huella histórica. Heródoto los sitúa en la ruta de Jerjes en el 480 a. C. (libro VII, 110); después desaparecen de los textos.

Qué significa el episodio: hybris y desobediencia

Es la única escala sin monstruos ni magia, y aun así anuncia el problema de toda la Odisea: los compañeros de Ulises mueren por no saber parar. El proema del canto I dice que perecieron «por sus propias locuras».

En Ismaro la victoria ya es completa. La desmesura, la hybris, de quedarse a celebrarla la convierte en desastre, y el patrón se repetirá con el odre de Eolo y las vacas de Helios. Sófocles lo resumió en Edipo rey, la tragedia que continúa la historia de Edipo y la Esfinge: «la soberbia engendra al tirano».

Tucídides (libro I, 5) recuerda que en tiempos antiguos la piratería incluso daba prestigio, y el poema reserva el castigo para la indisciplina de una tropa que desoye a su jefe, una tensión que recorre todos los regresos de Troya, incluido el de Agamenón, origen del mito de Electra.

Preguntas frecuentes sobre los cícones

El episodio deja dudas sobre ritos, mitos vecinos y ediciones del poema.

¿Qué relación tienen los cícones con Orfeo?

Orfeo era tracio y la tradición lo sitúa entre los cícones. Ovidio, en el libro XI de las Metamorfosis, cuenta que las mujeres cíconas, ofendidas porque Orfeo las rechazaba tras perder a Eurídice, lo despedazaron en pleno rito báquico. Virgilio recoge la misma versión en el libro IV de las Geórgicas.

¿Por qué Ulises llamó tres veces a cada muerto?

Los griegos creían que el alma de un cadáver sin enterrar no descansaba en el Hades. Si no había sepultura posible, quedaban ritos sustitutivos, como echar tierra sobre el cuerpo o invocar en voz alta el nombre del difunto.

¿Cuántas naves le quedan a Ulises después de Ismaro?

Las doce siguen a flote, solo con menos remeros. Once son destruidas después en el país de los lestrigones, y a Ítaca solo regresa Ulises.

¿En qué traducción española se puede leer el episodio?

Dos traducciones muy difundidas en España son la de José Manuel Pabón, en Biblioteca Clásica Gredos, y la de Carlos García Gual, en Alianza Editorial. El pasaje abre el canto IX, justo después de que Ulises diga su nombre a los feacios.

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